La niña astronauta


En un lugar remoto del espacio sideral,


habitaba una niña de mirada sin igual.


Alana era su nombre, imposible de olvidar,


pues sonaba en los oídos como un mágico cantar.



De azul profundo, sus ojos, color aeroespacial,



sus pestañas largas y claras los decoraban para brillar.



Había nacido para ser feliz y amar,



ella era la maestra de papá y mamá.




Tan bella como una estrella,



Tan atenta como risueña.



Era como un sol en medio de la tormenta:



sin duda, la bebé más dulce de la Tierra…




Dormía largas horas,



balbuceaba en su extraño idioma.



Hacía muecas, se reía sola…



Sus papás se repetían: ¡pero qué niña tan mona!




Dicen que en sus sueños recorre la vía láctea,



que vuela y explora toda la galaxia…



Dicen que su corazón rebosa paz y esperanza,



que de mayor será una gran astronauta.




Y es que, nuestra pequeña Alana,



quiere disfrutar todo lo que la vida le regala:



alegría, amor, belleza, bondad, calma…



y llegar así tan lejos como desea su alma.





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