Poesías

La bailarina del joyero




De niña tenía un bonito joyero,

antes de abrirlo lo acariciaba primero.

Para mí era muy preciado y especial,

de todos mis regalos, era el más sensacional.

Estaba envuelto por delicado terciopelo,

su tacto suave hoy en día anhelo.

Me gustaba su estampado de plantas y flores,

siempre recordaré sus colores.

En su interior guardaba más de una pulsera,

también un collar de bolitas de madera.

Dentro de esta cajita preciosa,

habitaba una inquilina blanca y rosa.

Era menuda, esbelta y delgada,

sobre un solo pie se mantenía estirada.

Adoraba observar a mi dulce bailarina,

lucía elegante un vestido de purpurina.

Detrás de ella había un espejo,

admiraba contemplar su fino reflejo.

Giraba y giraba con la mirada puesta al frente,

al abrir la tapa bailaba de repente.

Sonaba una delicada y bella melodía,

me encantaba escucharla de noche y de día.

Al tapar la caja, la música paraba,

ella muy deprisa sin más se agachaba.

Una noche que mi joyero cerré,

segundos después un gemido escuché.

Extrañada, lo abrí enseguida,

llorar vi a mi muñeca querida.

Me miró sin contener su sollozo:

«Esto está oscuro como un pozo».

Sus tristes palabras tocaron mi corazón.

Yo pensé: «Tiene toda la razón».

La melodía de pronto dejó de sonar,

eso le impedía volver a bailar.

«No te debes reprimir,

¿es que no quieres dormir?»

«Por favor, dame cuerda de nuevo,

solo con música yo me muevo».

Giré varias veces la llave del joyero,

ella me miró con su rostro sincero:

«A todas horas quiero bailar,

todo tu mundo deseo contemplar.

Mantén la caja abierta siempre,

así bailaré de enero a diciembre.

Con los brazos en alto de puntillas me alzaré,

yo eternamente feliz danzaré».

La bailarina del joyero:

mi tesoro verdadero.


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