Paloma Violeta




En un hermoso valle en plena sierra madre, vivía Paloma Violeta: era ágil, valiente y bella. Cantaba con voz muy tierna, de todas era la más alegre y risueña. Destacaba por sus tonos de colores brillantes y su plumaje exuberante…



Nuestra paloma adoraba surcar el cielo abrazando el aire. Las nubes, la lluvia y el viento la acariciaban como a nadie…



Una radiante mañana primaveral, con sus alas bien abiertas salió a volar. Veloz y decidida, revoloteaba por los aires nuestra amiga. De repente…



-¡Alto! -la detuvo una golondrina-. ¿Adónde vas así de aprisa, Paloma? ¡Tan rápido vas que resultas peligrosa! Con una de nosotras podrías chocar y un buen disgusto nos iba a costar…



Nuestra risueña paloma seria se tornó y un sentimiento de culpa la invadió.



“Vaya… Este es el ritmo habitual de mis piruetas de juego, me temo que tendré que aminorar el vuelo”



-Señora Golondrina, lo siento, en adelante volaré más despacio, lo prometo.



De esta manera, nuestra Paloma ralentizó su marcha y, fue así que comenzó a bajar la guardia…



Varios kilómetros más adelante, la contemplaba con recelo un gorrión cantante:



-¡Hola, amiga! ¿A qué se debe esa cancioncilla?



-Me encanta tararear melodías, cantar mientras vuelo, me fascina…



-Pues siento decirte que desafinas, tu voz, sencillamente, a los gorriones nos chirría.



Paloma Violeta se sentía tan incómoda y violenta que cerró el pico de pura vergüenza. Con lo mucho que le gustaba cantar… Nunca se había planteado si lo hacía bien o mal… Se sentía tan estúpida, que dejó de expresar su música. Despacio y en silencio, continuó ella su vuelo y, a pocos metros, se topó con un delgado cuervo:



-¡Buenos días, querida! ¿Adónde vas tú tan colorida?



-Yo…- se justificaba, indecisa-. Yo solo vuelo y disfruto del día.



-¿No te das cuenta de que te ves muy presumida? ¿Qué van a pensar de ti tus amigas?



De nuevo, nuestra paloma, elegante y soñadora, se sintió absurda y presuntuosa…



Aun así, continuó su habitual recorrido por sus lugares favoritos.

“Bien, al menos, me queda la libertad, me adentraré en la gran ciudad.



Cientos y cientos de cantos se escuchaban por todas partes: canarios que vivían en extrañas “cajas de alambres”.



-¿Quién te crees que eres, paloma altanera? Como vas por libre, ¿te regodeas?



“Pero, ¿qué les pasa hoy a las aves? Esto no me había pasado antes…



-¿Crees que puedes venir a invadir nuestro territorio? ¡Pues que sepas que aquí dentro lo tenemos todo! Siempre hay provisión de agua y comida, sin necesidad de correr peligros cada día.



Entonces, a nuestra paloma le invadieron mil sentimientos a la vez, y también una terrible sed… Se apresuró de nuevo a su rincón preferido del campo, repleto de flores turquesas que rodeaban el lago. Allí también tuvo especial cuidado de no cantar tan alto, de no llamar la atención demasiado, de no volar muy veloz, de no sentirse libre y querer alcanzar el sol…



Se sentía culpable, se sentía detestable, se sentía triste, torpe… y nada amable. Se sentía débil, frustrada y violenta, no se sentía en absoluto Paloma Violeta.



Sus pensamientos atormentaban su cabeza y corazón, sus plumas le pesaban y palidecía su fulgor. Sin apenas energía, ni pizca de alegría, aterrizó en el suelo dando por finalizado su aciago vuelo.



Se acercó al lago cristalino a beber agua donde una hermosa flor del campo flotaba a sus anchas… Admirada por su color y belleza, contemplaba su textura de seda, mientras seguía con la mirada su fluido movimiento al son suave del viento.



Para su sorpresa, una paloma idéntica a ella también divisaba aquella flor turquesa:



-¡Hola! -se atrevió a saludar la paloma.



-Hola -le contestó la otra.



-Amiga, eres tan hermosa… pero te noto preocupada, dolida y sola. ¿Cómo puedo ayudarte? -le preguntó Violeta, generosa.



Sin embargo, la paloma no contestaba… “Debe de estar muy afectada”-pensaba. Paloma Violeta tenía un corazón gigante y deseaba escuchar siempre a sus semejantes.



-¿Te han maltratado? ¿Te han hecho daño? ¿Por qué estás aquí detenida en lugar de navegar allí arriba? ¿Por qué estás tan apagada ocultando el brillo que te ensalza? ¿Por qué la melodía de tu canto se ha convertido en triste llanto? ¿Por qué estás tan alicaída y falta de energía?



-No me agito para no incomodar a la golondrina. No entono mi canción para no molestar al gorrión. Mis colores no muestro para no incomodar al cuervo. Mi vuelo es precario para no molestar al canario.



Paloma Violeta comenzaba a entender cosas que antes no podía ver. Justo entonces, en las aguas del lago, se percató de su propio retrato:



-¡Es mi reflejo en el espejo! -exclamó, y un súbito vuelco le dio el corazón.



“¿Cómo es que no me he dado cuenta? ¡Es mi libertad la que he puesto en venta! Me he dejado limitar cuando mi naturaleza es VOLAR…"





Y colorín colorado, este cuento solo ha comenzado, con el fiel deseo de
empoderar nuestro ser, en lugar de victimizar a la mujer.







*Ilustración realizada por la artista Ainhoa Batres.


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