Cuentos

La vaca que cantaba muuuy bien



Había una vez, una vaca grande y hermosa que vivía en las verdes praderas de Lechefresca. Disfrutaba mucho pastando y paseando por el pueblo en compañía de sus amigas. Le encantaban los días en los que el sol brillaba y el cielo amanecía celeste. Pero lo que más le gustaba era cantar y componer sus propias canciones. Ella no era una vaca cualquiera… Ella había nacido artista. Desde pequeña, había destacado en el pueblo por su voz dulce y delicada, que nadie más en aquel lugar tenía. Solía tararear sus canciones al ritmo que hacía sonar la campanita colgante de su cuello. Era una vaca tremendamente creativa. Su sueño era cantar frente a un gran público para regalarle sus bonitas melodías, alegrarle los oídos y despertar bellas emociones. «Algún día lo lograré», se animaba a sí misma.

Sin embargo, en Lechefresca no se creía precisamente en la magia y el arte de la música, sino más bien, en la rutina, el trabajo diario y poco más. Por ello, cada vez que le decía a sus papás que deseaba ser cantante, y no lechera, ellos le replicaban: «Olvídalo, cantar no sirve para nada. Come mucha hierba fresca como el resto de tus amigas, deja que te ordeñen grandes cantidades de leche y así podrás servir como una buena vaca a tu pueblo». Cuando oía estos consejos, su corazón se desilusionaba y su inspiración para componer canciones se disipaba.

Una mañana de cielo azul y sol radiante, salió a pacer como de costumbre. Caminaba despacio y callada, su campanita apenas sonaba, y sus ojos miraban al suelo, incapaces de contemplar la belleza de aquel nuevo día. Tan sumida iba en sus pensamientos que tropezó sin querer con el alcalde de su pueblo.

Disculpe, señor alcalde, no le he visto…

Tranquila, no te preocupes. ¿Se puede saber qué te ocurre? ¿Dónde has dejado tu enorme sonrisa y tus canciones bonitas?

Verá, señor, ya no me apetece cantar. En realidad, no sirve para nada…

Por supuesto que sirve, ¡y mucho! Llevo tiempo buscando por los alrededores una vaca que cante en las próximas fiestas de Lechefresca. Pero no la encontraba... Y, casualmente, ¡hoy me he topado contigo! No sé cómo no me había dado cuenta antes de que tú eres la vaca perfecta.

Nuestra amiga no salía de su asombro. El señor alcalde le estaba proponiendo cantar en las fiestas de su pueblo, frente a un gran público… ¡La ilusión de su vida!

¿Qué me dices? ¿Me harás ese favor? ―insistió.

¿Favor? ¡Lo haré encantada! ―exclamó con una sonrisa de oreja a oreja.

No podía ser más feliz. O eso pensaba ella… En ese instante de alegría, la inspiración volvió a brotar de su mente y de su corazón. De camino a casa, empezó a componer en su cabeza hermosas melodías que deleitarían a los vecinos de Lechefresca.

Muuucho tiempo esperaba este momento,

yo muuuy feliz escribo en el viento

múuusica de amor que sale de mi corazón.

A todo el muuundo quiero cantar estar canción.

¡Y llegó el gran día! El pregón del alcalde daba comienzo a las fiestas de Lechefresca. Nuestra artista no cabía en sí de emoción. Esa noche cantaría rodeada de luces, guirnaldas y farolillos de colores, sobre un escenario muy alto y frente a todos los vecinos de su pueblo.

Vamos allá ―se dijo confiada.

Colocó una bonita margarita en su oreja y apareció ante el público con la cabeza alta, la voz bien afinada y el corazón rebosante de ilusión. Cuando comenzó a cantar, hasta a los más tímidos hizo bailar. Canciones de amor, canciones serenas, canciones con mucho ritmo, ¡y hasta recitó un poema! Los habitantes del pueblo estaban realmente emocionados, pues gracias a ella la verbena había sido un éxito. Nadie recordaba en Lechefresca una fiesta igual. Aquellas canciones maravillosas les habían hecho bailar como nunca, reír como nunca y sentir como nunca. El aplauso que recibió nuestra cantante fue tan largo y sonoro que se oyó incluso en los pueblos colindantes. Al bajar del escenario todo el mundo quería abrazarla y darle la enhorabuena.

¡Ha sido una noche inolvidable! Tenemos en Lechefresca una artista incomparable ―la felicitó el amable alcalde.

Mamá y papá también corrieron hacia ella. Parecían muy contentos, pero de sus ojos brotaban lágrimas…

Cariño, has estado maravillosa. Tu música nos ha llegado al corazón ―le dijo mamá, conmovida.

Perdónanos, hija, estábamos muy equivocados… ―se disculpó papá―. Si cantar te hace feliz, ¡adelante! Nosotros te apoyamos y deseamos lo mejor para ti.

Nuestra preciosa vaquita había cantado ante un gran público, les había llenado de emoción con sus melodías y había ganado confianza en sí misma. Además, papá y mamá ahora estaban a su lado para mostrarle su apoyo y cariño. Sin duda, su sueño se había cumplido con creces. Pero la historia no acaba ahí, y lo que vino después escapaba a su extraordinaria imaginación…

Misteriosamente, los días posteriores a la verbena, las cosas en Lechefresca empezaron a funcionar mejor que de costumbre. Sus habitantes estaban más alegres y sonrientes, tarareando por todas partes las famosas canciones de nuestra amiga. La hierba crecía más fuerte y sabrosa, las vacas pacían relajadas y producían una leche mucho más rica y nutritiva. Tanto era así, que incluso curaba los resfriados más delicados. Quesos, yogures y mantequillas estaban increíblemente exquisitos. El alcalde no podía dar crédito a lo que estaba sucediendo, ¡aquella vaca cantarina había revolucionado el pueblo de Lechefresca! Enseguida, se presentó en casa de nuestra amiga y le expuso su genial idea. Ella ya no tendría que seguir siendo una vaca lechera si no quería. Dado que era una vaca artista, podía servir a su pueblo haciendo lo que más le apasionaba: cantar. Cada día entonaría sus canciones y poemas desde el bacón del ayuntamiento con un micrófono tan potente que la oirían en todos los rincones del pueblo. De esta manera, todos los habitantes disfrutarían de su voz, su música y sus poesías. Por supuesto, ella aceptó la propuesta del alcalde sin pensarlo. Cada mañana, se levantaba radiante e ilusionada, deseando dar a conocer sus nuevas canciones y transmitir su amor en cada melodía. En pocos días, Lechefresca se convirtió en el pueblo más productivo y feliz de la región.

Pero no penséis que el cuento termina así, pues lo mejor estaba por llegar. Cuanto más crecía su ilusión y alegría, más crecía la belleza y el alcance de su sueño. Los pueblos de alrededor pronto se enteraron del increíble poder de aquella vaca y también desearon contar con ella. Así fue como nuestra protagonista empezó a viajar, a conocer nuevos y hermosos lugares, y a ayudar a los demás con sus canciones traspasando fronteras. Se hizo muy famosa en el país y, con el tiempo, se convirtió en un gran ejemplo a seguir en el mundo entero.


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